EL
CRISTO DE LAS SIETE SUERTES
La
imagen del santo Cristo fue donada por la madre maría de Jesús, monja del
convento de san Bernardo de la ciudad de México. Según cuenta ella misma, el
crucifijo perteneció al venerable Juan de Palafox y Mendoza, obispo que fue de
Puebla. Después llego a don Matías Almazán (abuelo de la monja), y así pasó en
herencia a si hijo, el presbítero Don Juan de Almazán. Se cuenta que Don Juan,
a pesar de ser sacerdote, llegó a apostar como prenda, la bella imagen del
crucificado. A su vez el Alcalde, estando para morir, mandó que fuese entregado
el Cristo a sor María de Jesús; Almazán
no sabía que la monja cisterciense era nieta de Don Matías y Sobrina suya. El padre Jesuita Franciscano de
Almazán, otro tío de Sor María, le ofrece a esta una buena suma de dinero para
adquirir la imagen; sin embargo, la Madre María de Jesús la había ya destinado
a algún convento de padres carmelita, por quienes tenía gran estima. Sor María
de Jesús quiso confiar a la suerte el
destino del crucifijo y anotó en sendos papelillos los nombres de todos los
conventos. Tomó uno y otro y otro y otro y otro y así por siete veces apareció
el desierto. Entonces comprendió que
hasta allí tendrían que llevar la imagen. De allí que tomaron el nombre de Cristo
de las siete suertes. Incluso, la misma cisterciense narro como nuestro señor
le había revelado su predilección por los ermitaños carmelitas. El padre
francisco de Almazán pretendió llevarse la imagen del Cristo, pero este
adquirió el peso de roca maciza; y por otro lado el Cristo mismo dado que aún
no lo habían entregado al desierto, se desfijaba de la cruz, al grado de
encontrarlo en el suelo con el brazo roto. La madre cuenta muchos otros
prodigios operados gracias a la santa
imagen.
Al inicio de este siglo, en
tiempos de la revolución, cuando los carrancistas saqueaban el convento, oyeron
voces amenazantes que provenían de la iglesia; vieron como el Cristo de las
siete suertes movía los labios. Llenos de miedo, los revolucionarios huyeron
despavoridos y sin llevarse cosa alguna.
EL
BALCÓN DEL DIABLO
Los frailes se levantaron a
media noche para rezar el oficio de matiné en el coro de la iglesia. Ocurrió
que el hermano lego encargado de tañer la campana encontró que le lazo con que
iba a llamar estaba en el suelo.
Inmediatamente subió a la torre para atar la soga los religiosos no
pudieron llegar puntualmente al coro. El hermano lego recibió una llamada de
atención, que acepto sin reproche. El mismo episodio de la cuerda en el suelo
volvió a repetirse la siguiente noche. El hermano decidió ponerse en vela; no
sucedió nada hasta que justo a las doce 12:00 horas, el lazo cayó a sus pies. A
la siguiente vez, la cuarta, fue aún más precavido, puesto que reviso la cuerda
en el día, cerro muy bien la puerta de la torre, pero antes de la media noche
estuvo tirando de la cuerda suavemente para cerciorarse de que no estaba
rota y continuo aguardando a que llegase
la hora señalada. Cuando dio el tirón con la cuerda, ésta se le quedo en la
mano, sin producir ningún repique. El hermano decidió informar de lo ocurrido
al padre prior (recordemos que estaba prohibida toda clase de comunicación por
las noche; sin embargo este era un caso de verdadera necesidad) cuando el prior
leyó el recado que le escribió el hermano, la campana comenzó a repicar estrepitosamente,
haciendo que toda la comunidad de frailes se alarmase, pues temían que se
tratara de algún incendio. Así el prior se dirigió a la torre, subió para
buscar quien había repicado y encontró a un grotesco mono que apaciblemente se
columpiaba del cabo de lazo que había quedado de la campana. El padre prior
hizo la señal de la cruz, rezo algunas jaculatorias y con la correa del habito,
empezó a golpear al horrendo simio que era un demonio y lo hecho no solo del
edificio del convento, sino de todo el terreno que abarca el desierto: lo
expulso por la puerta pequeña de la excomunión, la que da hacia los balcones.
El demonio nunca más intento
perturbar la vida de los carmelitas. Aquel mirador en que fue despeñado el
simio, recibe el nombre del balcón del diablo.
Comentarios
Publicar un comentario